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17 de marzo de 2012

***POBRE DE MI ****

Jaime Jaramillo es un consultor exitoso, que dedica gran parte de su tiempo a ayudar a personas necesitadas.
Un día, mientras conducía su automóvil por una importante avenida de Bogotá, se detuvo en un semáforo en rojo.
De repente se le acercó a la ventana un hombre humilde, que en uno de sus brazos llevaba una herida mal cicatrizada, y le dijo:
- Por favor, caballero, una limosna, que no tengo trabajo, y además necesito ayuda para mandarme a curar este brazo.
Jaime, compungido, le contestó al señor:
- No se preocupe, yo le puedo ayudar. Yo conozco médicos en el mejor hospital de la ciudad y sin cobrarle le ayudarán a curarse ese brazo.
Venga, súbase y lo llevo en seguida para que lo atiendan.
El señor se quedó mirando a Jaime desconcertado, se rascó la cabeza con la otra mano y le respondió:
- Muchas gracias por su oferta, pero no me vaya a dañar mi negocito.
Ernesto, algunas veces es más fácil sacarle provecho a nuestros problemas que decidir resolverlos definitiva mente.
Por ejemplo, nos quejamos una y otra vez de ellos, buscamos la atención y la compasión de los demás.
Hasta los usamos como excusa para encargarles nuestras responsabilidades a otros; pero, a la postre, no tomamos las decisiones necesarias para solucionarlos.

Feliz semana.