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28 de abril de 2016

Silencio de los frutos



De cara al trabajo apostólico hay un silencio muy necesario: el silencio de los méritos y frutos.Como instrumento debo quedar en el anonimato. Es Dios quien hace posible los frutos: a Él pertenece todo el mérito. Y es cada alma la que, después de una gran lucha, se ha dejado modelar por Dios: a ella pertenece el mérito de la respuesta. Y al instrumento, ¿no le pertenece nada del éxito? Sí, pero no el éxito de los frutos o el éxito de la respuesta, sino el éxito de haber sido puente, pasarela. Y ¿cómo saber si ante los frutos apostólicos me limito a ser puente o voy más allá?
Ofrezco dos puntos de respuesta y de examen. En la medida que haga silencio de alabanzas y reconocimientos ¿Espero alabanzas y reconocimientos por el trabajo que realizo? Si es así, significa que usurpo el lugar de Dios al considerarme causa de los frutos alcanzados. En segundo lugar, en la medida que haga silencio de frustraciones y fracasos ¿Cuándo no hay frutos, me siento un apóstol fracasado y frustrado, me desanimo? Si fuera así, significa que tomo el lugar de las almas, pensando que la respuesta a la acción de Dios depende de mí.

5 de agosto de 2015

Qué es el silencio exterior




El silencio de los sentidos (Segunda parte)


Silencio exterior, silencio en relación al ambiente que nos rodea, es la capacidad de ser libres frente a las cosas que quieren seducirnos. Estar distraídos es estar separados de nosotros mismos y dejarse llevar por lo que se ve y se oye. Cuando nos dejamos atraer por lo exterior, perdemos nuestra libertad y nuestra identidad de ser dueños de nuestro cuerpo.
Seremos libres si, poco a poco, nos destacamos de las criaturas. Es éste el primer paso para un silencio fecundo, repleto de vitalidad espiritual. Es preciso anteponer el silencio al ruido, a las noticias, a las preocupaciones del mundo. En este silencio nos distanciamos de la publicidad y nos aproximamos a nuestro fundamento. No tenemos que verlo todo Lo superficial adquiere su perfil y fisonomía sólo si es capaz de manifestar esas profundidades.

Silencio de la vista

Los ojos son las ventanas del alma. El control de la vista es de una importancia y trascendencia extraordinarias. Cerrar los ojos ayuda en muchas ocasiones a cortar la atención de cosas que, a través de la vista, pueden influenciarnos, es decir, hacernos ruido. No tenemos que verlo todo, no lo necesitamos. Tampoco debemos ser unos ciegos. Dios nos dio la vista para ver. Necesitamos ver el bien. Hay mucho bien en el mundo. Veámoslo con ojos abiertos y alabemos a Dios. Y evitemos ver el mal. Así el silencio de la vista nos será provechoso.

Silencio del oído

El sentido del oído debe estar regido por la virtud del silencio. La curiosidad nos incita a oír cosas, muchas veces sin ninguna trascendencia. No tenemos qué oírlo todo, no lo necesitamos. Tampoco podemos ser sordos. Lo inconveniente, lo nocivo, lo destructivo no nos sirve. Debemos desecharlo, dejarlo. Sólo así podremos escuchar en la actividad apostólica todo lo bueno que hay en cada persona y comprender, a la vez, sus errores.


24 de febrero de 2015

¿Cómo puedo escuchar que Dios me habla en la oración?



¿Cómo puedo escuchar que Dios me habla en la oración?La frase «conversación con Dios» describe muy bien la oración cristiana. Cristo ha revelado que Dios es una persona real y que está interesado –apasionadamente interesado- en nuestras vidas, nuestra amistad, nuestra cercanía. Para los cristianos, entonces, la oración, como lo explicó el Papa Benedicto XVI cuando visitó Yonkers, Nueva York en el 2007, es una expresión de nuestra «relación personal con Dios». Y esa relación, continuó diciendo el Santo Padre, «es lo que más importa».