22 de junio de 2012

Tiempo es amor

Tómense su tiempo y aprendan que el tiempo es amor, es vida, cuando es tiempo vivido fuera del reloj y del calendario, cuando se dedica al encuentro con el otro y al encuentro consigo mismo. Es un tiempo fuera de la regulación de aparatos y citas programadas. Es un tiempo que es acontecimiento porque acontecimiento es lo inesperado y, por lo tanto, milagroso.
Hay gente que espera milagros como montañas que se mueven o cielos que se abren para dar paso a un relámpago en pleno día de sol. No nos equivoquemos: el milagro está aquí, entre nosotros, cuando logramos evadir la prisión de este mundo tecnificado y ge­ométrico que nos convierte en un número, en una etiqueta; no bien logramos encontrarnos con nuestra desnudez hu­mana, se ha producido el milagro.
Cuando dejamos de vernos con los ojos estereotipados de la rutina, brota el relámpago. En pleno día, sí; entre nosotros, porque nos descubrimos. Claro que para ello hay que educarse, y educar. El milagro es descubrir la luz interior que hay en cada uno.
Todos conocen el fenómeno del amor, pero sólo el poeta alcanza a cristalizarlo para la eternidad en versos imborrables - comenta Octavio Paz. La poesía de la vida, en cambio, está abierta a todos. El exceso de información a menudo nos asfixia, y es como si la maravilla de la existencia fuera perdiendo su agudeza. Nace un niño, y pensamos en espermatozoides y óvulos. Un joven se enamora de una joven, y fácilmente despachamos el fenómeno hablando de pubertad o adolescencia. Es como si el margen para soñar, ante tanta información, se fuera reduciendo cada vez más.
El milagro, existe, está aquí no más, a mano. Sólo hay que tener tiempo, abrir los poros de la sensibilidad, recuperar la capacidad de asombro, y un pájaro es capaz de volvernos locos, de trastornarnos en arranques de misticismo y religiosidad.
Hay que descubrir la luz; y no afuera, sino adentro. Desde ese adentro, el afuera entero se ilumina. Ese es el milagro, el tiempo fuera del tiempo, el amor. Para que suceda hay que crecer, los unos sosteniendo a los otros, los unos exigiendo a los otros, los padres y sus hijos, descubriendo la sensibilidad, aprendiendo a esperar. Si se preparan, si aprenden a esperar, si crecen los unos con los otros, no cabe duda: sucederá.

LA MILAGROSA