7 de junio de 2013

El tordo


Un tordo picoteaba los granos de un bosquecillo de mirlos y, complacido por la dulzura de sus pepitas, no se decidía a abandonarlo. 

Un cazador de pájaros observó que el tordo se acostumbraba al lugar y lo cazó con liga. 

Entonces el tordo, viendo próximo su fin, dijo:

-Desgraciado! ¡Por el placer de comer me he privado de la vida!

 

Nunca dejes que un momentáneo placer te cierre las puertas de por vida.
 

LA MILAGROSA