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8 de agosto de 2011

No podemos...

Cuando yo era chico me encantaba los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales.
También a mi como a otros, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra.
Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente. Qué lo mantenía entonces?. Porqué no huía?
Cuando tenía cinco o seis años todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro o a algún adulto por el misterio del elefante. 
Alguno de ellos me explicó que no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia. Si está amaestrado... Porqué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se había hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio para encontrar la respuesta.

"El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. 
Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. 

Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía...
Hasta que un día (terrible día para su historia) el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante, enorme y poderoso, no escapa... ¡Porque CREE QUE NO PUEDE!
El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sentía poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

JAMÁS...JAMÁS...intentó poner a prueba su fuerza otra vez.
Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.

Vivimos creyendo que un montón de cosas "NO PODEMOS" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos.

Grabamos en nuestro recuerdo: NO PUEDO, NO PUEDO Y NO PODRÉ NUNCA...
Crecimos portando este mensaje que nos impusieron o impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.

La única manera de saber, es intentar de nuevo, poniendo en el intento ¡TODO TU CORAZÓN!

12 comentarios:

Rafael Humberto Lizarazo Goyeneche dijo...

Hola, Magdalena:

Muchas veces os fracasos nos impiden volver a intentarlo y nos quedamos sin saber si realmente lo podremos lograr.

Tal vez el secreto esté en nuestra propia voluntad para romper el miedo al fracaso.

Un abrazo.

ion-laos dijo...

Qué gran verdad Magda! Nos obcecamos en las cosas de una manera... y no vemos que hay mucho más allá. Estamos llenos de cadenas mentales absurdas y ya va siendo horas de romperlas, que no hay cosa más absurda, que eso, quedarse estancada!

Un besito.

PRINTOVA dijo...

Que verdad más grande amiga Magda, nunca oí la historia de ese elefante, pero me ha resultado tan triste y real que no he podido sin más que imaginarme a ese pobre elefante pasando su vida atado a esa estaca. Así realmente estamos muchos, un día intentamos algo y no pudimos y desistimos de volver a intentarlo alguna otra vez, pues dimos por echo que no lo lograríamos nunca.

Un besote enorme amiga.

Mónica Diseños dijo...

¡Cuánta razón tenés! Pero el visualizar al elefantito, tirando de lo que no podía soltarse me puso muy triste!
Besos...

neuriwoman dijo...

Hola mi buena amiga Magda, una historia preciosa la que nos cuentas. Por desgracia son muchos los que siguen atrapados con esas ataduras invisibles, amarrados a una estaca que quizas un día tuvo poder pero que ahora se la lleva el viento.

Ya sabes que aunque no pueda entrar a comentar con más frecuencia, me acuerdo de ti cada día. Espero que te encuentres bien. Un fuerte abrazo.

RosaE dijo...

Hola Magda: Me gusto mucho esta entrada. En la vida es intento tras intento para llegar a los logros, sin desfallecer, superando obstáculos
Feliz semana
Un abrazo

Emanuel Carrizo dijo...

Gran mensaje.
Supiste entregar una enseñanza envuelta en el cómodo empaque de un fábula.
Saludos.

Maruja dijo...

Hola amiga, una gran verdad hay veces que pequeñas cosas nos atan y no sabemos como liberarnos de ellas. Besos.

Marian dijo...

Son muchas cosas las que nos atan
y no queremos intentar acabar con ellas, quizás porque no confiamos.
¡Gracias por tan sabia reflexión.
Dios te bendiga.
Un abrazo.

Julio Dìaz-Escamilla dijo...

¡Yo puedo, yo puedo, yo puedo, yo puedo! Leerte y agradecer a la vez tus estupendas entradas llenas de consejos y humanismo.
Un abrazo.

Mariale dijo...

http://marialepo.blogspot.com/2011/07/cuentos-para-crecer-historia-de-no.html

con la historia de este enlace se puede completar tu artículo.

RosaE dijo...

Hola Magda:
Hoy vengo a agradecerte tu hermosa presencia en mi espacio http://unionconlaluz.blogspot.com/

Te invito a recibir un premio que he preparado con mucho cariño.
Un abrazo
Rosa E.

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