25 de diciembre de 2011

Reflexiones de la Navidad

Los hechos acaecidos en la noche de Belén no pueden ser abarcados con esquemas de una descripción de cronista. Para llegar a conocer todo hay que calar hondo en el desarrollo de los acontecimientos a la luz de las palabras del profeta Isaías: "Un niño nos ha nacido, un niño nos ha dado.
Lleva al hombro el principado, y es su nombre." ¿Qué clase de principado hay en el hombro de éste niño, que, a la hora de su venida al mundo, ni siquiera tenía un simple techo humano sobre su cabeza, y como primera cuna tuvo un pesebre de animales? En la noche de Belén nos preguntamos acerca de éste principado. 

¡Qué trae consigo al mundo el recién nacido? Hemos oído que con el ángel que anunció a los pastores el nacimiento del Salvador "apareció una legión del ejército celestial que alaba a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que Él quiere tanto".
Pues bien, en esta anunciación de Belén encontramos respuesta a nuestra pregunta. ¡Qué principado se ha colocado en el hombro de Cristo en esa noche? Un poder único. El poder que solamente él posee. 

En efecto, sólo él tiene el poder de penetrar en lo profundo del alma de cada hombre con la paz del gozo divino.
Saludémosle con agradecimiento y alegría, en esta noche radiante.

LA MILAGROSA